La formación de nubes en estas zonas podría restablecerse dividiendo la tierra actualmente deforestada y asignándole diversos usos, entre ellos la siembra de árboles frutales, corredores boscosos a lo largo de los ríos, y tierras de pastoreo y cultivo, señala Robert O. Lawton, uno de los autores de Science .
Lawton, U.S. Nair y Ron Welch, de la Universidad de Alabama en Huntsville, estudiaron la relación que existe entre la deforestación y la formación de nubes en el caso de los famosos bosques nubosos de Monteverde, Costa Rica, los cuales durante casi treinta años han sido un centro de investigación, conservación y ecoturismo. Los bosques de Monteverde sirven de refugio a miles de especies de animales y plantas, incluido el resplandeciente quetzal, los sapos dorados, el jaguar, 5000 especies de mariposas nocturnas y 400 especies de orquídeas.
Los bosques nubosos del Caribe se forman en donde, debido a las cumbres de las montañas, los vientos alisios deben subir hasta pasado el punto en donde se condensan las nubes, dejando el lado expuesto al viento de la montaña sumergido en una masa de nubes casi perpetua. Dicha masa nubosa proporciona humedad en forma de neblina y gotitas de lluvia y reduce la pérdida de humedad de las plantas. En ese ambiente húmedo y protegido, las plantas llamadas epifitas pueden echar raíces en los árboles y otras plantas en vez de hacerlo en el suelo.
"Este tipo de ecosistema depende de que el bosque se mantenga continuamente húmedo y constantemente nublado. Cualquier cambio en dicho estado saturado de humedad puede producir alteraciones drásticas para la flora y la fauna", afirma Lawton.
Las señales observadas recientemente en Monteverde, incluida una gran reducción en las poblaciones de ranas y sapos, y cambios en las zonas de distribución de las aves, sugieren que la base de su masa de nubes podría estar subiendo, elevando al mismo tiempo el velo que alimenta y hace crecer los bosques.
A fin de examinar dicho fenómeno más a fondo, los autores del estudio de Science examinaron las zonas bajas desde las que sopla el viento hacia los bosques montañosos-el lugar donde primero se forman las nubes. Según Lawton, al pasar los vientos del Caribe sobre esas áreas, la cantidad de humedad y calor transferidos de la superficie de las tierras bajas a la atmósfera afecta tanto al número total de nubes que se forman como a la altura a la cual se forman.
Los datos obtenidos anteriormente de la observación y de modelos por computadora sugieren que la deforestación, así como la conversión de bosques en tierra de pastoreo o de cultivo, altera la superficie del terreno de maneras que pueden afectar a la transferencia de la humedad y el calor. La deforestación puede aumentar el brillo reflectante de la superficie, aumentar la compactación de su suelo, reducir la cantidad total del agua que emiten las plantas, y permitir un mayor escape de calor de la superficie.
En términos generales, todos esos cambios disminuyen el volumen de humedad y aumentan el calor que se desplaza de la superficie a la atmósfera, lo cual significa que el aire sobre las áreas deforestadas tiene que elevarse a una altura mayor que la usual para que se formen nubes.
"Si tiene que elevarse demasiado, eso constituye un problema," dice Lawton.
Utilizando imágenes obtenidas por satélite, el grupo de investigadores pudo observar la apariencia de las nubes tipo cúmulo sobre las tierras bajas desde cuya dirección sopla el viento hacia Monteverde, en zonas boscosas de la Nicaragua vecina y de zonas deforestadas de Costa Rica. Las imágenes muestran que sobre las áreas deforestadas no hay o apenas se han formado nubes cúmulos, en comparación con las zonas boscosas. Directamente en esa dirección en que el viento sopla hacia Monteverde hay una zona prominente de nubosidad reducida.
Las simulaciones detalladas por computadora que efectuaron los investigadores de Science de la formación de nubes desde que amanece hasta que anochece en las tierras bajas respaldan las pruebas visuales de que la deforestación tiene un efecto considerable en la formación de nubes. Dichas simulaciones también indican que la altura media de la base de las nubes sobre las zonas deforestadas se elevaría por encima de las cumbres en donde está Monteverde hacia el final del ciclo matutino, dejando expuesto el actual bosque nuboso.
Todavía no se ha determinado claramente cómo el ritmo de la deforestación puede afectar el ritmo de los cambios en la formación de las nubes, o cuáles otros tipos de condiciones climáticas podrían exacerbar el problema de la desaparición de la cubierta nubosa.
"Si bien las tendencias regionales tales como El Niño-o el calentamiento atmosférico-son evidentemente factores de importancia, considero que nuestro trabajo demuestra que los efectos del clima local pueden tener consecuencias significativas para estos ecosistemas", añade Lawton.
Según Lawton, la invasión de las poblaciones humanas también está comenzando a causar perturbaciones en los bosques nubosos.
"Estas zonas se consideraban mayormente inhóspitas, y se dejaron estar mientras las poblaciones se establecían en otros lugares. Pero a medida que la densidad de la población aumenta, la gente empieza a ocupar tierras en las que hace cuarenta años no se hubieran establecido."
Entre los demás miembros del grupo investigador figura R.A. Pielke Sr. de la Colorado State University en Fort Collins. Esta investigación recibió apoyo del Sistema de Observación de la Tierra, el Sistema de Energía Radiante de las Nubes y la Tierra (CERES), y el Radiómetro Avanzado Espacial de Reflexión y Emisión Térmica (ASTER).