[ Back to EurekAlert! ] Public release date: 7-Jul-2008
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European Society for Human Reproduction and Embryology

Las familias con hijos sin vínculo genético o gestacional con sus padres están funcionando bien

Esta comunicado está disponible en inglés.

Barcelona, España: El bienestar psicológico de las familias con hijos que carecen de vínculo genético o gestacional con uno o ambos padres –los hijos han sido concebidos mediante alquiler de útero, donación de óvulo o inseminación artificial de donante – ha sido tema de debate desde hace mucho tiempo. Ahora, en el primer estudio sobre este tema que se realiza en todo el mundo, un grupo de científicos británicos ha demostrado que las relaciones en el seno de estas familias parecen estar funcionando bien, y que existen escasas diferencias entre éstas y las familias en las que los hijos han sido concebidos de forma natural.

Esta semana, Polly Casey, del Centro de Investigación Familiar de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, anunciará ante la 24ª reunión anual de la Sociedad Europea de Embriología y Reproducción Humana que el estudio ha descubierto que las familias que han recurrido a una donación de óvulo, alquiler de útero o a la inseminación artificial de donante presentan más similitudes que diferencias por lo que se refiere al bienestar psicológico de los padres, la calidad de la relación padres-hijos, y la adaptación psicológica del niño. Durante mucho tiempo se ha debatido sobre las posibles consecuencias negativas para esos niños, debido a la preocupación de que los padres puedan tener un comportamiento menos positivo hacia ellos, y de que los niños no se sientan plenamente aceptados como parte de la familia.

Los investigadores han realizado un seguimiento de 39 familias que alquilaron un útero, 43 que utilizaron la inseminación artificial, 46 que recurrieron a la donación de óvulos, y 70 familias cuyos hijos fueron concebidos naturalmente. De momento, se han recopilado datos hasta que los niños han cumplido los 7 años de edad, pero los investigadores esperan poder continuar con el seguimiento de estas familias durante el máximo de tiempo posible. Los resultados que se van a presentar son los correspondientes a aproximadamente la mitad de las familias cuyos hijos han cumplido los siete años.

"Hicimos preguntas a los padres y los hijos sobre varios temas distintos", dice la Srta. Casey. "Estudiamos aspectos como el bienestar psicológico de los padres y la relación padres-hijos, y también preguntamos a las madres si les parecía que los niños tenían algún problema emocional o de conducta." Además, los investigadores utilizaron el cuestionario normalizado de Fortalezas y Dificultades, que ofrece una puntuación general del grado de adaptación global del niño, junto con puntuaciones individuales en aspectos como problemas de comportamiento y dificultades emocionales.

Los profesores cumplimentaron el mismo cuestionario, aportando una evaluación independiente de la adaptación del niño. También se evaluó la percepción que tienen los niños de la cercanía emocional con sus padres. "Les dimos un 'mapa' en blanco con círculos concéntricos, y les dijimos que ellos estaban en el centro", explica la Srta. Casey. "A continuación les pedimos que completaran el mapa, colocando a sus parientes y amigos en el círculo que representara la proximidad emocional de cada relación."

También se proporcionó a los niños una escala pictórica de la competencia y aceptación social percibidas. El investigador presentaba imágenes de niños en diversas situaciones y pedía al niño entrevistado que se evaluara a sí mismo en comparación con la imagen. Esta técnica permite medir su capacidad cognitiva y física, su aceptación materna, y la aceptación por sus iguales, todo lo cual se ha demostrado que está asociado con el desarrollo de la autoestima en una fase posterior de la infancia.

"Hemos observado que los diversos tipos de familia no diferían en cuanto a la calidad global de la relación entre madres e hijos y padres e hijos", dice la Srta. Casey. "Pero el análisis sí que ha mostrado algunas diferencias en la relación madre-hijo entre los distintos tipos de familia. Por ejemplo, hemos observado una leve tendencia hacia una mayor sensibilidad con respecto a las ansiedades y preocupaciones de los hijos entre las madres de los grupos de donación de óvulo y alquiler de útero que entre las madres del grupo de inseminación artificial de donante, También hemos apreciado una leve tendencia hacia un mayor exceso de implicación emocional con sus hijos, y hacia una mayor indulgencia disciplinaria, por parte de las madres que recurrieron a la reproducción asistida en comparación con las madres que concibieron de forma natural."

Los hijos de los diversos tipos de familia no diferían según el cuestionario de Fortalezas y Dificultades cumplimentado por sus madres. No obstante, cuando los profesores rellenaron ese mismo cuestionario, sí que afloró una diferencia significativa. "Los profesores comunicaban un mayor nivel de dificultades emocionales entre los hijos nacidos por reproducción asistida que en los concebidos por vía natural, aunque dicho nivel no era anormalmente elevado", declara la Srta. Casey.

Las evaluaciones de la autoestima realizadas por los propios niños no arrojaban ninguna diferencia significativa en función del tipo de familia. En las evaluaciones de las relaciones familiares, no se apreciaron diferencias significativas entre los niños nacidos por reproducción asistida y los concebidos naturalmente en lo tocante a la ubicación de la madre y del padre en los mapas familiares, pues el 85% de los niños nacidos por reproducción asistida y el 88% de los concebidos naturalmente situaban a su madre en el círculo más próximo, y el 73% y el 76% respectivamente colocaban al padre en el círculo más inmediato.

"Ahora bien", dice la Srta. Casey, "en el momento del 7º cumpleaños del hijo, sólo el 39% de los padres del grupo de donación de óvulos, el 29% del grupo de inseminación artificial de donante, y el 89% del grupo de alquiler de útero habían hablado a sus hijos de la índole de su concepción. Una cifra marcadamente inferior a la proporción de padres que, cuando el niño tenía un año de edad, declararon su intención de revelar esa información– 56%, 46% y 100% del grupo de donación de óvulo, inseminación artificial de donante y alquiler de útero respectivamente", comenta.

Los motivos por los cuales los padres deciden no informar a sus hijos son numerosos y complejos, aseguran los investigadores, incluido el deseo de proteger al padre, dado que la madre no quiere que otros se enteren de su infertilidad, y el temor a que el niño sienta menos amor por el padre o madre no genético. "Estudios anteriores han indicado que los padres quieren proteger a sus hijos, temerosos de que la revelación los pueda perturbar y tenga algún efecto adverso en la relación padres-hijos", apunta la Srta. Casey.

El análisis de las diferencias de calidad de la relación padres-hijos y de adaptación psicológica de los niños ha sacado a relucir disparidades significativas entre las familias que revelaron la información relativa a la concepción y las que no lo hicieron. "Las madres que hablaron a sus hijos de su concepción presentaban mayores niveles de sensibilidad hacia el niño, y, aunque no se apreciara diferencia significativa, también observamos que los padres de las familias que habían revelado la información tendían a mostrarse más cariñosos con sus hijos", asegura la Srta. Casey.

Las madres que habían hablado con sus hijos también declararon una mayor satisfacción en su relación de pareja. Los investigadores comunicaron asimismo una tendencia no significativa hacia menores niveles de dificultades emocionales entre los niños a quienes se había hablado del tema, según la evaluación de sus profesores.

"Este estudio demuestra que las familias con hijos sin vínculo genético o gestacional con sus padres siguen funcionando bien cuando el niño se encuentra en la fase inicial de escolarización ", dice la Srta. Casey. "Cuando se observaron diferencias en la relación madre-hijo en función de los distintos tipos de familia, éstas reflejaban una mayor implicación en la relación maternal por parte de las madres que recurrieron a la reproducción asistida. Las que no tenían relación genética o gestacional con sus hijos –las madres por donación de óvulo o alquiler de útero- tendían a implicarse más, a diferencia de las madres por inseminación artificial de donante. Estos resultados no son sorprendentes, dadas las dificultades que tuvieron que afrontar esas mujeres para conseguir ser madres.

"Los propios niños mostraron una adaptación psicológica positiva y no diferían en función del tipo de familia. Nos ha interesado especialmente comprobar que, según sus profesores, los niños a los que se les había hablado de sus orígenes tendían a estar ligeramente mejor emocionalmente que los que no sabían nada, aunque, por supuesto, esto puede obedecer simplemente a una mejor comunicación en general en el seno de la familia. Creemos que nuestros resultados beneficiarán al personal clínico que asesora a los futuros padres sobre las implicaciones de revelar el medio por el cual concibieron a su hijo, así como a los padres, y, por ende, a los hijos que podrán aprender de la experiencia de otras personas en situaciones similares. Es imprescindible que todos los avances en materia de reproducción asistida vayan acompañados de estudios sobre el bienestar de los padres e hijos implicados", afirma la Srta. Casey.

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Resumen nº: O- 012 Lunes 10- 11:30 h, horario de verano (Sala 111+112)



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