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Los antidepresivos constituyen la piedra angular del tratamiento de los trastornos depresivos. Su eficacia para tratar la depresión es indudable, a pesar de que sigue existiendo posibilidad de mejora. Varios informes recientes también sugieren que los antidepresivos podrían, en algunos casos excepcionales, empeorar las tendencias suicidas en lugar de aliviarlas. Como consecuencia, se ha intensificado la investigación para esclarecer esta cuestión, mientras las autoridades reguladoras de muchos países vuelven a reconsiderar la relación coste-beneficio de estos fármacos. Si bien no existe duda acerca de la gravedad de tales efectos adversos potenciales de la terapia con antidepresivos, es importante tener una visión equilibrada de todos los datos clínicos y epidemiológicos relativos a los efectos del tratamiento antidepresivo y su relación con el comportamiento suicida.
Depresión y riesgo de comportamiento suicida
El suicidio es un problema de salud pública importante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que un millón de personas consuma el suicidio cada año en todo el mundo. Por tanto, a nivel global los fallecimientos por suicidio superan el número de muertos por conflictos armados, ataques terroristas, o desastres naturales como terremotos. Es más, el número de suicidios consumados es sólo la punta del iceberg del comportamiento suicida ya que por cada suicidio consumado se produce un número más de diez veces superior de intentos de suicidio no mortales, y casi una décima parte de individuos de todo el mundo, también en la UE, admite haber tenido ideas suicidas en algún momento de su vida (Bernal et al., 2007; Nock et al., 2008).
En numerosas autopsias psicológicas realizadas en todo el mundo, se constata que más del 90% de los sujetos que consuma el suicidio padecía trastornos mentales. El suicidio tiene su origen en múltiples causas y, por tanto, no debería considerarse como mera consecuencia de las patologías mentales. En cualquier caso, a nivel de cuidados de la salud, la relación clara entre trastornos mentales y suicidio implica que la prevención es imprescindible. Los trastornos afectivos, principalmente la depresión severa y el trastorno bipolar, están asociados al 60% aproximadamente de suicidios consumados (Mann et al., 2005). Más de la mitad de los sujetos que se suicida durante una depresión grave, expresa sus intenciones durante los 3 meses previos al acto, y casi todos los pacientes que intenta suicidarse refieren haber experimentado ideación suicida (Isometsä et al., 1994; Sokero et al., 2003). Esta expresión de intención permite la prevención a través del tratamiento adecuado junto con otras medidas. Sin embargo, el problema al que se enfrentan los psiquiatras es el elevado número de pacientes suicidas y la dificultad de identificar quienes presentan un mayor riesgo de consumarlo.
Entre los pacientes psiquiátricos que presentan una depresión severa, resulta extraordinariamente frecuente el comportamiento suicida no mortal. Casi la mitad (aproximadamente el 40%) han intentado suicidarse, y entre la mitad y las dos terceras partes (47%-69%) refieren haber experimentado ideas suicidas (Sokero et al., 2003; Malone et al., 1995) mientras padecían depresión. El riesgo de realizar intentos de suicidio esta íntimamente relacionado a la recurrencia, muy frecuente, en el curso de la depresión; el riesgo es ocho veces superior durante un episodio depresivo severo, en comparación con el riesgo durante la remisión total (Sokero et al., 2005). Cuanto más tiempo pase el paciente en estado depresivo, mayor será el riesgo de cometer actos suicidas con el paso del tiempo. Entre aquellos pacientes que presentan ideas suicida, se puede predecir el declive de la ideación suicida en función de la disminución en el nivel de los síntomas depresivos y de los sentimientos de desesperanza (Sokero et al., 2006).
Por tanto, la reducción de la gravedad y la duración del estado depresivo a través de tratamiento antidepresivo es muy probable que constituya una medida de prevención eficaz para evitar que se produzcan actos suicidas. Además, es razonable presuponer que el alivio de la depresión y de los sentimientos de desesperanza pueda dar lugar a la desaparición de los pensamientos suicidas.
Estrategias de prevención del suicidio
La depresión está presente en más de la mitad de los casos de suicidio, pero en la mayoría de ellos no se había tratado en el momento de producirse el suceso (Isometsä et al, 1994; Henriksson et al., 2001). Incluso después de un intento de suicidio, la depresión a menudo sigue sin diagnosticarse, no se trata o bien se trata inadecuadamente (Oquendo et al., 2002).
El interés de estudiar la depresión a fin de prevenir el suicidio fue reseñado por el consenso de las máximas autoridades en investigación sobre el suicidio y un estudio mundial en el que se analizó la efectividad de intervenciones específicas en la prevención del suicidio; las únicas intervenciones que se identificaron claramente como medidas preventivas del suicidio fueron la educación de los médicos en el diagnóstico y tratamiento de la depresión y la limitación el acceso de pacientes a medios letales, mientras que otras intervenciones requieren de investigación adicional (Mann et al., 2005). Por consiguiente, el tratamiento de los trastornos afectivos y otras patologías psiquiátricas es un aspecto fundamental en la prevención del suicidio.
Un mejor diagnóstico y tratamiento de pacientes depresivos en atención primaria junto con un mejor acceso a servicios psiquiátricos constituyen una estrategia de prevención clave para evitar el suicidio.
Antidepresivos y riesgo de suicidio: ¿qué evidencia existe?
Numerosos ensayos clínicos aleatorizados y a corto plazo sobre el uso de antidepresivos para tratar la depresión en niños y adolescentes (<19 años), constata que los antidepresivos se asocian a una proporción ligeramente mayor de pacientes (0,7 %) que refieren ideación suicida o intento de suicidio frente a pacientes de grupos de control a los que se administra placebo (Bridge et al., 2007). Es importante recalcar que estos estudios no incluyen casos de suicidios consumados. Los adultos tratados con antidepresivos SSRI en ensayos clínicos aleatorizados presentan un riesgo similar de autolisis no mortal o ideación suicida que los sujetos del grupo placebo (Gunnell et al., 2005 & 2006). Es indudable que, al menos entre niños y adolescentes, los antidepresivos pueden causar algún daño a un subgrupo de pacientes vulnerables, al menos en las etapas iniciales de tratamiento. Sin embargo, existen varias razones por las que los ensayos podrían crear una visión distorsionada del equilibrio general entre beneficios y daños de los antidepresivos:
La prueba más importante acerca del papel que desempeñan los antidepresivos en la prevención del suicidio es la vida real: en contraste con los ensayos clínicos randomizados mencionados anteriormente, los estudios observacionales sobre tratamiento antidepresivo que generalmente incluyen a un elevado número de pacientes con riesgo de suicidio, demuestran que se produce una reducción sustancial del comportamiento suicida en la gran mayoría de los mismos. En la práctica clínica, los beneficios del tratamiento no se observan hasta pasado un tiempo, una vez que se consolida la respuesta al fármaco. Estudios basados en poblaciones de pacientes adolescentes refieren que las tasas de intento de suicidio son menores, al igual que en estudios similares con adultos, tanto en intentos como en suicidios consumados a medida que se mantiene el tratamiento (Valuck et al., 2004; Jick et al., 2004; Simon et al., 2007; Sokero et al., 2006; Simon et al., 2006).
En muchos países occidentales (ej. Korkeila et al., 2007), el uso creciente de antidepresivos a nivel nacional y regional se correlaciona, tal como se esperaba, con tendencia al descenso de la mortalidad por suicidio. Naturalmente, tales estudios ecológicos no demuestran que los antidepresivos sean la explicación de la disminución observada de casos de suicidio, aunque los resultados si son coherentes con un efecto neto positivo sobre el suicidio, o en el peor de los casos, neutral. El dato más relevante es la inexistencia de pruebas de que las tasas nacionales de suicidio hayan aumentado debido a un uso más extendido de antidepresivos.
Los antidepresivos reducen la gravedad del cuadro depresivo así como el tiempo de duración del mismo, factores que resultan fiables para reducir el riesgo de cometer actos suicidas.
Implicaciones clínicas
Bibliografía
Correspondencia:
Professor Erkki T. Isometsä, M.D., Ph.D.
Institute of Clinical Medicine,
Department of Psychiatry,
P.O. Box 22, 00014 University of Helsinki, Finland
E-mail: erkki.isometsa@hus.fi