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American Association for the Advancement of Science

Un nuevo fósil podría ser, hasta ahora, el más cercano al de todos los grandes simios

--sus investigadores informan en Science

Una nueva especie de antropomorfo de España llamada Pierolapithecus catalaunicus, o un pariente cercano, podría haber sido el último antepasado común de todos los grandes antropomorfos vivientes, incluyendo los seres humanos —dicen los investigadores. El equipo de paleontología español describe el fósil descubierto en la edición número 19 de noviembre de la revista Science, publicada por la AAAS, una organización científica sin fines de lucro.

Como otros grandes antropomorfos, el Pierolapithecus tenía rígida la parte inferior de la espina dorsal y otras adaptaciones especiales para trepar. Estos rasgos, más la edad de unos 13 millones de años del fósil, sugieren que esta especie probablemente tenía un parentesco cercano al último antepasado de los grandes antropomorfos simio, según dicen Salvador Moyà-Solà del Instituto de Paleontología Miguel Crusafont y la Diputación de Barcelona, España y sus colegas.

Se cree que los grandes antropomorfos, que incluyen orangutanes, chimpancés, gorilas y humanos, se originaron a partir de los simios antropomorfos menores, un grupo que contiene gibones y siamangs modernos, hace unos 11 a 16 millones de años.

No obstante, las pruebas fósiles de este período de tiempo, el Mioceno Medio, son escasas, y los investigadores han estado buscando por mucho tiempo los antepasados de los grandes simios que emergieron después de esta separación.

El escaso registro fósil ha revelado varios contendientes, incluyendo el Kenyapithecus y el Equatorius o los Morotopithecus y Afropithecus más antiguos, pero los fósiles que existen indican que estos antiguos “hominoides” eran más primitivos que los Pierolapithecus —dice Moyà-Solà.

El esqueleto relativamente completo de Pierolapithecus muestra una variedad de rasgos importantes comunes a los grandes simios modernos, según dicen los investigadores.

“La importancia de este nuevo fósil es que, por primera vez, todos los rasgos clave que definen a los grandes simios modernos están bien conservados” —dice Moyà-Solà.

Aunque el Pierolapithecus se descubrió en España, Moyà-Solà cree que esta especie probablemente vivió también en África.

“África es la fábrica de los primates. En el registro de fósiles del Mioceno Inferior y Medio de África, hemos encontrado una diversidad fabulosa de hominoides primitivos con constituciones corporales similares al del mono. En Eurasia, los simios aparecieron repentinamente en el Mioceno Medio —antes, los primates eran casi desconocidos. Por esta razón, el área de origen, en mi opinión, es África” —dice Moyà-Solà.

El ejemplar que han descubierto los investigadores era probablemente macho, pesaba unos 35 kilos y, por la forma de sus dientes, parece ser que comía frutas. El esqueleto fue descubierto en una excavación paleontológica nueva, Barranc de Can Vila 1, cerca de Barcelona.

La caja torácica, la parte inferior de espina dorsal y las muñecas del Pierolapithecus muestran señales clave de una habilidad especial para trepar que enlaza a esta especie con los grandes antropomorfos modernos. En comparación, los monos, que pertenecen a un grupo más primitivo, tienen una capacidad de movimiento más cuadrúpeda generalizada y no presentan estos rasgos particulares.

Por ejemplo, la caja torácica, o el tórax, del Pierolapithecus es similar a la de los grandes simios modernos porque es más ancha y plana que la caja torácica del mono —según informan los investigadores.

“El tórax es la parte anatómica más importante de este fósil porque es la primera vez que se ha encontrado un tórax similar al de los simio antropomorfos modernos en la historia de los fósiles” —dice Moyà-Solà.

Los especímenes de otros simios, como el Proconsul o Equatorius, incluían algunos fragmentos de costillas, “pero la morfología es primitiva, completamente similar a la de los monos” —añade.

Asimismo, los omoplatos del Pierolapithecus se extienden a lo largo de la espalda, tal como en el caso de los grandes simios modernos y seres humanos. En los monos, los omoplatos se ubican a los lados de la caja torácica, como en los perros.

En los Pierolapithecus como en los grandes simios modernos, la zona lumbar de la espina dorsal es relativamente corta y rígida. Por lo tanto, las vértebras de esta parte de la espina dorsal se diferencian de las de los monos que permiten mayor flexión y extensión.

Estas adaptaciones habrían afectado el centro de gravedad de los Pierolapithecus, facilitándole la toma de una postura erguida y trepar árboles —dicen los investigadores.

Además, en los Pierolapithecus y los grandes simios modernos, sólo uno de los dos huesos del antebrazo “articula”, o se une flexiblemente, con la muñeca. Este rasgo permite un grado relativamente amplio de rotación de la mano y probablemente le ayudaba a trepar —según Moyà-Solà.

El cráneo del Pierolapithecus era también distintivamente similar al de los grandes simio antropomorfos —dicen los autores. La cara es relativamente corta, y la estructura de la parte superior de la nariz se encuentra en el mismo plano que los ojos. En los monos, el caballete entre los ojos interfiere con el plano de visión.

El Pierolapithecus tenía también algunos rasgos más primitivos similares a los del mono, como la cara en pendiente y los dedos cortos de los pies y manos. Moyà-Solà y sus colegas creen que esto es señal de que varios rasgos surgieron por separado, y quizá más de una vez, en la evolución de los simios.

Por ejemplo, a menudo se ha pensado que las habilidades de trepar y colgarse han evolucionado conjuntamente, pero los cortos dedos del Pierolapithecus indican que no era un animal que se pudiera colgar mucho. Los rasgos relacionados con la habilidad de colgarse podrían haber evolucionado varias veces y aparecer posteriormente en los grandes simios —proponen los investigadores.

El primer indicio de la existencia del Pierolapithecus fue un diente canino desenterrado por una excavadora que estaba despejando el terreno para excavar. “Los paleontólogos en España dicen: ‘uno no encuentra un buen fósil, los buenos fósiles te encuentran a ti’” —dice Moyà-Solà.

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Los coautores del Dr. Moyà-Solà son Meike Köhler, David M. Alba e Isaac Casanovas-Vilar del Instituto de Paleontología Miguel Crusafont de Barcelona, España; y Jordi Galindo de Palaeotheria, S.C.P. Provençals, de Barcelona, España. David M. Alba también es miembro de Palaeotheria, S.C.P. Provençals, de Barcelona, España.

El estudio fue apoyado por la Diputación de Barcelona, Departaments d’Universitats i Recerca i de Cultura de la Generalitat de Catalunya, CESPA GR, Ministerio de Educación y Ciencia, Fundació La Caixa, Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel, y la Iniciativa de Investigación de los Orígenes Humanos (Researching Hominid Origins Initiative).

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