[ Back to EurekAlert! ] PUBLIC RELEASE DATE: 10 julio 2006

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Ytrio-90 para controlar el hepatocarcinoma

La Clínica Universitaria de Navarra es el único centro de España y el que más experiencia acumula en Europa en el tratamiento de los tumores hepáticos mediante la radioembolización. La técnica consiste en inyectar unas esferas marcadas con Ytrio-90, de muy pocas micras de tamaño, en la arteria hepática, desde donde se dirigen preferentemente a la zona tumoral. Allí se quedan alojadas y emiten radiación, lo que daña las células tumorales.

El tratamiento es complejo y precisa de la colaboración estrecha de los departamentos de Medicina Nuclear, Radiología Convencional e Intervencionista, Hepatología y Oncología.

En los tumores primarios de hígado, también llamados hepatocarcinomas, los resultados muestran que el tratamiento es muy eficaz para evitar que las lesiones tratadas crezcan: consigue el control -no la erradicación- de la enfermedad en más del 90% de los casos, a veces durante periodos muy prolongados. Sin embargo, no evita que puedan aparecer nuevas lesiones en el hígado o en otros órganos.

Ventajas e indicaciones

El tratamiento de los tumores hepáticos mediante radioembolización tiene la ventaja de que no es un procedimiento exclusivo dad que se puede administrar en combinación con la quimioterapia, en aquellos tumores que sean sensibles a este tratamiento. Además, se tolera bien, no requiere grandes ingresos hospitalarios, (habitualmente los pacientes permanecen ingresados un único día), y tiene un riesgo de complicaciones bajo.

La técnica incorporada en la Clínica está especialmente indicada para tratar tumores primarios (hepatocarcinomas), y también secundarios, sobre todo, metástasis de cáncer de colon y de tumores endocrinos. La radioembolización supone una alternativa eficaz para aquellos casos en lo que el hígado aloja varios tumores y no pueden ser extirpados. Esta técnica no sustituye a la cirugía sino que aporta la posibilidad de tratamiento a situaciones que hasta ahora no tenían ninguna opción terapéutica.

Sin embargo, cuando hay un riesgo de que las esferas accedan al tubo digestivo se contraindica el tratamiento. Además, tampoco se recomienda realizarlo a pacientes en los que, en la evaluación previa, se observa que el tumor capta pocas esferas, por lo que se prevé, de este modo, que no va a ser eficaz.

Procedimiento

Este procedimiento terapéutico se caracteriza por radiar directamente los tumores, respetando el hígado sano. Las microesferas se inyectan a través de un catéter en la arteria hepática, único vaso que irriga las zonas tumorales del hígado, lo que garantiza que la radiación llegue de forma preferente a la zona tumoral. Las microesferas están marcadas con Ytrio-90 y transmiten la radiación al implantarse en la zona tumoral. Sus efectos son valorables a partir de los dos meses.

Una vez establecida la indicación de las microesferas los especialistas de Medicina Nuclear se encargan de confirmar la idoneidad del tratamiento y de calcular la dosis adecuada para cada paciente. El objetivo principal de estos tratamientos es asegurar que las esferas radiactivas se dirigen exclusivamente al lugar indicado. Sin embargo, hay situaciones en las cuales debido a problemas circulatorios o de conexión de los vasos las esferas pueden ir al pulmón o a otros órganos, como el estómago o las asas intestinales, lo que podría causar un daño secundario importante.

Por este motivo, una semana antes del tratamiento, y en colaboración con el Servicio de Radiodiagnóstico, se realiza una simulación del tratamiento. En primer lugar se realiza una arteriografía hepática con el objetivo de ver la anatomía arterial del hígado y, por tanto, los vasos que están nutriendo al tumor. La arteria hepática tiene muchas variantes anatómicas, por lo que hay ramas que nutren a otras zonas como el duodeno, la vesícula biliar. Por este motivo hay que delimitar la vascularización hepática, para que el tratamiento se dirija preferentemente al hígado.

Durante la planificación, en vez de infundir esferas de Ytrio-90, se utilizan macroagregados de albúmina marcados con Tecnecio. “Se trata de un radiotrazador con el que se puede realizar una gammagrafía para cuantificar la distribución del radiotrazador por el organismo con el fin de evaluar posibles escapes de las esferas durante el tratamiento. Hay que tener en cuenta que un escape de las microesferas marcadas con Ytrio-90 a según qué órganos puede resultar dañino. Gracias a la gammagrafía previa se garantiza la seguridad del tratamiento y se calcula la dosis indicada a cada paciente.

Una vez confirmada la idoneidad del tratamiento se prepara, de forma individualizada para cada paciente, el kit de administración del Ytrio, que posteriormente será infundido por los especialistas del servicio de Radiodiagnóstico. Este proceso exige la supervisión de los radiofísicos, cuya labor se centra en la protección radiológica y en el cálculo de la dosis. “Antes de administrar un tratamiento radiometabólico debe hacerse una estimación de la dosis que va a recibir el órgano ya que la cantidad de Ytrio-90 tiene que ser individualizada para cada paciente. A través de pruebas de imagen, como escáner o resonancia magnética, se valoran las características del tumor, si es único o múltiple, y su proporción respecto al hígado sano. En los cálculos se tiene en cuenta también la superficie corporal del paciente. Con todos esos valores indicamos la dosis óptima con el fin de irradiar al máximo el tumor y lo menos posible el hígado sano.

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