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El cerebro humano está preparado para seguir el ritmo de una canción o de un baile

Revela un estudio que ha explorado la relación entre la estructura rítmica de la música y la dimensión espacial del sonido

Peer-Reviewed Publication

Universitat Pompeu Fabra - Barcelona

Figure 1

image: Schematic representation of participant listening to the experimental conditions. In the control condition (a), the isochronous beat was always presented at 0° (in front of the participant). In the spatial conditions, such as the Spatial 60° (b), the isochronous beat alternated at symmetrical angular positions: the first sound was presented at one side and the two following sounds at the contralateral side, thus following a ternary meter pattern defined over spatial cues. view more 

Credit: UPF

Al escuchar una canción, o al contemplar un baile, los humanos tendemos a seguir el ritmo de la música. Y es que un aspecto fundamental de la música es su ritmo, la manera cómo nos sincronizamos con las regularidades temporales de una melodía o una danza. En un estudio reciente se ha explorado cómo nuestro cerebro se acopla al ritmo musical y hasta qué punto los humanos compartimos esta habilidad con otros animales.

Alexandre Celma-Miralles y Juan Manuel Toro, profesor de investigación ICREA en el Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC), y miembros del grupo de investigación Cognición Comparativa y Lenguaje (LCC) del Centro de Cognición y Cerebro (CBC) de la UPF, explican esta particularidad en un artículo publicado este mes de noviembre en la revista Brain and Cognition.

"El presente estudio explora la relación entre la estructura rítmica de la música y la dimensión espacial del sonido. Estudiamos cómo el cerebro interactúa con sonidos que están separados espacialmente para construir una estructura métrica", explican los autores del estudio Celma-Miralles y Toro.

Para ello, compararon las respuestas neuronales de músicos profesionales con las de oyentes no entrenados mientras ambos grupos oían un ritmo de vals. En uno de los experimentos del estudio, los participantes debían prestar atención a sonidos definidos por su posición espacial (los sonidos estaban separados en el espacio). En otro experimento los participantes prestaban atención a un distractor de tipo visual. Los datos del estudio se obtuvieron de los registros de frecuencias de los encefalogramas de cada sujeto.

El ritmo y el compás se ve facilitado por la experiencia

Los investigadores observaron que, independientemente del entrenamiento musical del participante, el cerebro de todos los oyentes se sincronizó al ritmo. Los resultados mostraron también que las respuestas neuronales de los músicos eran mucho más fuertes y resistentes a las distracciones que las de los no-músicos. Es decir, el estudio puso de manifiesto que el entrenamiento facilita la sincronización rítmica.

Como comentan los investigadores, "lo más relevante de este estudio es que demuestra que nuestro cerebro está preparado para seguir el ritmo, independientemente de si lo escuchamos en una canción o lo vemos en una danza". Esto refuerza la idea de que el procesamiento neuronal del ritmo y el compás se ve facilitado por la experiencia previa con eventos rítmicos durante los largos períodos de entrenamiento musical formal.

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