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El número de personas en Florida afectadas por una toxina presente en la barracuda y otros pescados tropicales de arrecife es mayor de lo que se había reportado

Burness

Este comunicado está disponible en inglés.

Deerfield, Ill. (29 de junio de 2015) -- Los registros de salud pública pueden subestimar significativamente el número de personas en Florida afectadas por una rara y peligrosa toxina presente en especies de pesca deportiva comunes, como son la barracuda, el mero y la seriola, según un nuevo estudio publicado hoy en línea en la revista científica American Journal of Tropical Medicine and Higiene (Cuaderno Estadounidense de Medicina Tropical e Higiene).

El análisis efectuado por investigadores del Instituto de Patógenos Emergentes de la Universidad de Florida y el Departamento de Salud de Florida señala que la incidencia anual de envenenamiento por una toxina denominada ciguatera --que causa fuertes náuseas, vómitos y, ocasionalmente, síntomas neurológicos-- se estima en unos 5,6 casos por cada 100.000 personas, lo que supera significativamente la anterior estimación de ,2 casos por cada 100.000, derivada de la información facilitada por los médicos al Departamento de Salud. Este nivel de subregistro es consistente con lo reportado para otros patógenos transmitidos por alimentos.

"Se encontró que la incidencia de la enfermedad es superior a lo estimado anteriormente. Las zonas en torno a Miami y los Cayos de Florida están especialmente afectadas", afirmó la Dra. Elizabeth Radke, principal autora del estudio.

Las conclusiones del estudio señalan que la mayoría de casos de envenenamiento por ciguatera en Florida se da entre los hispanos, posiblemente debido a preferencias culturales por el consumo de barracuda, que se ha demostrado que tiene un riesgo elevado de contener cigua toxinas. Esto sugiere la necesidad de llevar a cabo de manera continuada campañas de salud pública enfocadas a este grupo de población que informen sobre los riesgos de consumir este tipo de pescado.

Según los registros de salud estatales, cada año la ciguatera afecta aproximadamente a una de cada 100.000 personas en Miami-Dade y a tres de cada 100.000 en el Condado de Monroe, que se extiende desde el sur de Miami hasta Cayo Oeste. Sin embargo, Radke y sus colegas hallaron que a pesar de seguir siendo infrecuente, el número real de casos de afectación se acercaba a 28 por cada 100.000 en Miami-Dade y 84 por cada 100.000 en Monroe.

La revisión al alza de los casos de intoxicación estimados en Florida se basó en una encuesta a miles de pescadores deportivos de agua salada de todo el estado, la cual reveló un gran número de casos auto-identificados que no se habían comunicado al Departamento de Salud. Los científicos atribuyeron las estimaciones inferiores de los registros de salud al hecho de que muchas personas que sufren esta afección no van al médico y muchos médicos que tratan a los pacientes envenenados por ciguatera o bien no informan de ello a las autoridades sanitarias o no lo reconocen como una dolencia distinta de otras afecciones causadas por alimentos o virus estomacales comunes. No obstante, es posible también que algunos casos auto-identificados padeciesen otras dolencias. El Departamento de Salud de Florida prevé aumentar la concienciación pública sobre la ciguatera y los requisitos de información entre los médicos de los condados costeros.

Radke señaló que aunque el estudio concluye que el envenenamiento por ciguatera es más común en Florida de lo que se creía, los investigadores no han hallado pruebas de que los casos de envenenamiento estén aumentando.

Una toxina común transmitida a través de la cadena alimentaria

El envenenamiento por ciguatera es la forma más común de intoxicación alimentaria relacionada con el consumo de pescado en el mundo. La toxina se encuentra en un tipo de algas que crece en arrecifes coralinos en aguas oceánicas cálidas de los trópicos y subtrópicos. El mayor riesgo se produce en el pescado del Caribe y los océanos Pacífico e Índico. Hasta el 3 por ciento de los viajeros a estas zonas se ven afectados de ciguatera. Inicialmente se transmite a peces de tamaño pequeño que se alimentan de la vegetación de los arrecifes. Luego estos la pasan a peces de mayor tamaño, como la barracuda y el mero, que son sus depredadores naturales.

Las personas que consumen pescado contaminado e ingieren la toxina pueden experimentar síntomas tales como fuertes náuseas y vómitos en el plazo de una a tres horas. En algunos casos pueden producir dolor y hormigueo en las manos o pies y dolor articular y muscular. Estos síntomas pueden durar meses o incluso años. Algunos pacientes señalan una inversión de las sensaciones de frío y calor, sintiendo calientes las superficies frías y viceversa.

No existe cura, si bien hay pruebas limitadas de que la administración de un fármaco llamado manitol en la fase inicial de una infección puede limitar tanto los síntomas agudos como los crónicos. La ciguatera es una forma especialmente resistente de intoxicación alimentaria, ya que la toxina no puede destruirse ni cocinando el pescado --incluso a altas temperaturas-- ni congelándolo. No existe ninguna prueba para la detección de envenenamiento por ciguatera en personas ni un olor o decoloración especial en los tejidos de los peces que indique su presencia.

Radke señaló que su estudio reafirma las advertencias ya existentes de evitar el consumo de barracuda. Sin embargo los datos indican que en Florida, el mero, la seriola, el pez puerco, el pargo, la caballa y el dorado pescados en zonas tropicales y subtropicales se relacionan también con la enfermedad.

"Creo que hay una conciencia extendida cuanto más al sur de que las barracudas son portadoras pero quizá no tanto de que un pez como el mero o la seriola pueden tener también ciguatera", declaró Radke. "No pienso que la gente tenga necesariamente que dejar de comer estos otros pescados", añadió, "pero deben ser conscientes de que hay un riesgo, y si comienzan a sentirse mal después de comerlos, deberían acudir al médico".

El equipo de Radke descubrió que la mayoría del pescado causante de infecciones en Florida se había capturado en las Bahamas y los Cayos de Florida. Aparte de estas zonas, aproximadamente un 5 por ciento procedía de aguas del Condado de Palm Beach y el 4 por ciento de Miami-Dade.

Radke declaró que existe preocupación de que el calentamiento de las aguas causado por la variabilidad climática propicie la migración de la ciguatera al norte, pero señaló también que su equipo no ha hallado pruebas de la expansión al norte de la ciguatera y que, en el este de los Estados Unidos, la toxina parece estar localizada principalmente en las aguas más cálidas del sur de Florida.

"Se ha informado de casos tan al norte como Georgia o Carolina del Sur, pero probablemente tuvo que ver con peces que habían ingerido la toxina en el Sur de Florida o el Caribe y habían migrado al norte", dijo Radke. "Es necesario en todo caso que siga habiendo vigilancia en las fronteras geográficas de la toxina".

"Obtener una estimación precisa de la incidencia de la enfermedad siempre es difícil, por lo que es tan importante que estos investigadores profundicen hasta alcanzar una comprensión mejor de las intoxicaciones por ciguatera en Florida", afirmó el Dr. Christopher Plowe, especialista en Salud Pública, FASTMH, presidente de la American Society of Tropical Medicine and Hygiene. "Debemos mantener la guardia para detectar cualquier aumento de la enfermedad, ya que la propagación de la ciguatera podría ser particularmente dañina para las personas que más dependen de especies de pesca como la barracuda y el mero para su alimentación y sus ingresos".

El Departamento de Salud de Florida recomienda que aquellas personas que tras haber consumido pescado presenten síntomas indicativos de intoxicación por ciguatera acudan al médico y, si es posible, guarden restos del pescado consumido para su posible análisis. Puede encontrarse más información sobre la ciguatera en el sitio web del departamento, http://www.floridahealth.gov/environmental-health/aquatic-toxins/ciguatera-fish-poisoning.html.

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