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Los menores con trastorno del espectro autista mejoraron la comunicación y la relación con sus familiares durante el confinamiento

La rutina adoptada por las familias favoreció la participación de los menores con TEA en el hogar.

Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

Research News

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IMAGE: Las familias echaron en falta más apoyo de las escuelas view more 

Credit: Foto: Freepik

El periodo de confinamiento más estricto y la cuarentena supusieron un problema aún mayor para los menores con trastorno del espectro autista (TEA) y sus familias, ya que de manera repentina vieron truncada su rutina, que para ellos es un aspecto esencial para desarrollar su día a día y es indispensable en su estructura vital. Sin embargo, su respuesta y su adaptación a este nuevo contexto fue mejor de lo esperado en aspectos como la comunicación y la interacción con sus familiares.

Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya, de la Universidad de Perugia, Italia, y del Centro de Terapia Ocupacional y Psicología Infanto-Juvenil ABAULA, de Girona, ha analizado el comportamiento de los menores que padecen un TEA durante el periodo de confinamiento más estricto, en los meses de marzo, abril, mayo y junio de 2020, para sentar las bases de un apoyo futuro más adaptado a sus necesidades reales.

Según las autoras, la mayoría de las familias que participaron en el estudio observaron un cambio en el estado emocional del menor con TEA. En concreto, los progenitores destacaron que durante el periodo de confinamiento sus hijos e hijas estaban más felices, más tranquilos y más pacíficos que antes de la cuarentena. En gran medida, esto es debido al aumento de tiempo que estos menores pasaban con sus familias y a las rutinas adoptadas.

«Las familias destacaron que los niños y los jóvenes con TEA se adaptaron mucho mejor de lo esperado. De hecho, tras un periodo inicial complejo, estos menores mejoraron en aspectos como la comunicación, sus relaciones y sus respuestas emocionales, e incluso participaban con mayor frecuencia en las rutinas propuestas por las familias», destaca Cristina Mumbardó Adam, colaboradora del Grupo de Investigación en Cognición y Lenguaje (GRECIL), de la UOC, investigadora del grupo Discapacidad y Calidad de Vida: Aspectos Educativos (DISQUAVI) y autora principal de este estudio.

En este sentido, las autoras detallan que, en el contexto europeo, los horarios de trabajo no facilitan necesariamente que las familias puedan pasar más tiempo de calidad con sus hijos, ya que las jornadas laborales de larga duración obstaculizan la conciliación. Sin embargo, la flexibilización del horario debido a la pandemia ha favorecido que las familias tengan más tiempo para cuidar y enseñar a sus hijos y crecer y progresar junto a ellos.

Atención y soporte tecnológicos

A pesar de estos resultados, las familias con estos menores a su cargo también incidieron que sufrieron mayores dificultades en los momentos iniciales de la cuarentena. No solo por la ruptura de los hábitos de los menores, sino también porque los recursos de atención y educativos no estaban adaptados a este nuevo contexto.

«Las familias han echado en falta el apoyo de las escuelas, que, como todas, se tuvieron que reorganizar y les costó un tiempo hacerlo. Sin embargo, las familias sí valoraron muy positivamente tener más tiempo para estar con sus hijos, para conocerlos mejor y para poder ensanchar el abanico de intereses que tenían los niños y las niñas», recalca Mumbardó. Asimismo, la experta destaca que los centros educativos y los profesionales educativos «han hecho todo lo posible durante la cuarentena para llegar a todos los estudiantes», aunque la realidad ha demostrado que «es evidente que se necesitan nuevas medidas para afrontar este tipo de desafíos».

Además, durante el transcurso de la investigación, las expertas también evaluaron la adaptación y la respuesta de los menores con TEA a procesos a los que estaban menos habituados, como mantener el contacto mediante las nuevas tecnologías gracias a las videollamadas.

De este modo, se comprobó que estos niños y niñas también responden a los nuevos canales de comunicación telemáticos. Por ejemplo, al observar a sus familiares, profesores y amigos mediante las videollamadas que se hicieron durante el confinamiento, aumentaban su bienestar y tranquilidad.

«La tecnología ayudó muchísimo y, aunque a menudo no la sabían ni usar porque para ellos era una herramienta nueva para comunicarse con alguien, el simple hecho de ver a su abuelo, a sus compañeros o a otro familiar les propiciaba un estado más placentero y tranquilo», recalca la investigadora.

No obstante, las autoras advierten que, debido a la variabilidad de la sintomatología asociada al TEA, los resultados son aplicables a estas familias, pero no necesariamente a otros núcleos familiares.

Falta de comprensión social

Por otro lado, la situación de cuarentena y confinamiento también puso de manifiesto la falta de comprensión social que padecen las personas con TEA y sus familias. Esta situación tomó relevancia especialmente en los momentos concretos de la pandemia en que se permitió salir a la calle a ciertos colectivos sociales con mayores dificultades.

En este contexto, algunas familias fueron increpadas por no respetar el confinamiento, a juicio de sus vecinos, y se mostraron contrarias a estigmatizar a los menores con TEA con señales identificativas, como un pañuelo azul. «Esta desagradable situación le sucedió a muchas personas que tenían derecho a salir, porque lo necesitaban, y fue muy duro para muchas familias», rememora Mumbardó.

Por último, las expertas detallan que las investigaciones futuras sobre este sector han de profundizar en los beneficios y el desarrollo de las políticas sobre el bienestar y el rendimiento académico de los menores con TEA que asisten a escuelas inclusivas.

«Los responsables de la formulación de políticas y las partes interesadas deberán tener en cuenta la información derivada de este estudio en los futuros procesos de toma de decisiones derivados de la pandemia por el COVID-19», concluyen las autoras.

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Esta investigación de la UOC favorece los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) número 3, Salud y bienestar, y número 10, Reducción de las desigualdades.

Referencia o artículo relacionado

Mumbardó-Adam, C.; Barnet-López, S.; Balboni, G., «How have youth with Autism Spectrum Disorder managed quarantine derived from COVID-19 pandemic? An approach to families perspectives», Research in Developmental Disabilities, vol. 110, 2021, 103860, ISSN 0891-4222,
https://doi.org/10.1016/j.ridd.2021.103860

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