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Vómito fosilizado revela el primer pterosaurio filtrador de los trópicos

Pariente volador de los dinosaurios, Bakiribu waridza (“boca de peine” en la lengua kariri) filtraba crustáceos y otros pequeños organismos en ríos y lagos, donde probablemente fue ingerido por un depredador que lo regurgitó en la cuenca de Ararip

Peer-Reviewed Publication

Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo

Hace unos 110 millones de años, dos individuos de pequeños pterosaurios —cada uno con un tamaño aproximado al de una gaviota—, parientes voladores de los dinosaurios, se encontraban en un lago o río buscando alimento o simplemente bañándose cuando fueron devorados por un dinosaurio o un pterosaurio de gran porte. Más tarde, cuando el depredador pasaba por la cuenca de Araripe, una región costera cercana, regurgitó lo que debían de ser las partes menos digeribles de los pterosaurios —sus cráneos—, además de cuatro peces ingeridos en una comida posterior.

En 2024, un grupo de investigadores afiliados a universidades de Brasil encontraría en ese vómito, ahora fosilizado y conservado durante décadas en un museo, la primera especie de pterosaurio filtrador de los trópicos. El estudio fue publicado en la revista Scientific Reports.

“Fue algo muy inesperado, porque los fósiles de la región de Araripe se estudian desde hace décadas y ya se habían encontrado casi 30 tipos de pterosaurios, ninguno de ellos filtrador. No se esperaba encontrar una familia nueva para esa región”, cuenta Rubi Vargas Pêgas, quien realiza un posdoctorado en el Museo de Zoología de la Universidad de São Paulo (MZ-USP), en Brasil, con beca de la FAPESP.

Los pterosaurios filtradores tenían dientes finos, como cerdas, muy próximos entre sí, que utilizaban para filtrar pequeños organismos acuáticos, como crustáceos. Por ello, estaban asociados a hábitats lacustres o fluviales, y no de agua salada, como era la cuenca de Araripe en ese período.

El regurgitado, por lo tanto, ayuda a explicar por qué Bakiribu waridza, “boca de peine” en la lengua kariri, estaba en esa región. Aunque la cuenca de Araripe forma parte de lo que hoy son tres estados brasileños —Piauí, Ceará y Pernambuco—, se trata de una meseta de apenas 160 kilómetros de extensión en sentido este-oeste por 30 a 50 kilómetros en sentido norte-sur.

“Era, por lo tanto, un ambiente rodeado por otros que no necesariamente quedaron preservados en el registro fósil. Tal vez esta especie nunca habría sido conocida si no hubiese sido regurgitada en Araripe, conocido por la preservación de sus fósiles”, completa Pêgas, quien realizó una pasantía en el Museo del Pterosaurio de Beipiao, en China, también con beca de la FAPESP.

El “regurgitálito”, como se conoce al vómito fosilizado, mostraba señales de desgaste en los huesos de los pterosaurios, como efecto de los jugos gástricos, además de cuatro peces bien conservados, probablemente ingeridos poco antes de ser “devueltos” junto con los Bakiribu.

Uno de los aspectos que llamó la atención de la paleontóloga Aline M. Ghilardi, profesora de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN) que coordinó el estudio, fue la orientación de los restos mortales, todos en la misma dirección. “Las aves actuales que se alimentan de peces engullen al animal entero por la cabeza, para evitar atragantarse con las aletas. Quien se comió al Bakiribu y a los peces probablemente lo hizo de la misma forma, ya que todos están orientados en la misma dirección”, explica.

El depredador más probable fue un espinosáurido, como Irritator challengeri, uno de los pocos piscívoros que también comían pterosaurios en la región y con tamaño suficiente para albergar en el estómago a los dos Bakiribu, además de cuatro peces y otros alimentos.

Un candidato menos probable sería un pterosaurio mayor, el Tropeognathus mesembrinus. Con una envergadura de cerca de ocho metros, era el único en la región lo suficientemente grande como para engullir a los filtradores.

Museos

El Bakiribu waridza pertenece a una familia de pterosaurios conocida como Ctenochasmatidae. Hasta ahora, esta familia contaba con especies descritas únicamente en Europa, el este de Asia y el sur de América del Sur, en Argentina. En el árbol evolutivo de los pterosaurios, la nueva especie de Araripe se sitúa entre la argentina Pterodaustro guinazui, más reciente, y el género europeo Ctenochasma, más antiguo.

El bloque de roca fue hallado en el acervo del Museo Câmara Cascudo, de la UFRN, que se encuentra en una región que no forma parte de Araripe. El estudiante de iniciación científica William Bruno de S. Almeida, orientado por Ghilardi, realizaba un relevamiento de los fósiles de peces del museo cuando se topó con el pterosaurio.

“Los peces son organismos muy abundantes en el registro fósil de Araripe; quizá por eso nadie se dio cuenta de que, entre ellos, había un animal aún desconocido”, sospecha Pêgas.

Al percatarse de que se trataba de un pterosaurio, Ghilardi conformó un equipo de especialistas que se dedicó al estudio del fósil en Natal y redactó, en pocos días, el primer borrador del artículo científico publicado.

La roca que contiene el fósil está compuesta por dos partes en espejo. Una de ellas fue donada al Museo de Paleontología Plácido Cidade Nuvens, de la Universidad Regional del Cariri (Urca), en Santana do Cariri (Ceará).

“Incorporamos en este trabajo un enfoque ético y decolonial. La transferencia garantiza la preservación de la pieza en el territorio de origen”, concluye Ghilardi, una de las responsables de la repatriación del dinosaurio Ubirajara jubatus al Cariri en 2023, después de haber sido descrito por investigadores alemanes a partir de un fósil obtenido ilegalmente en la década de 1990 (más información enrevistapesquisa.fapesp.br/es/brasil-recuperara-un-fosil-de-dinosaurio/).   

El artículo A regurgitalite reveals a new filter-feeding pterosaur from the Santana Group puede leerse en: www.nature.com/articles/s41598-025-22983-3.

 


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