image: Reduction of cholesterol after apheresis. Using Raman spectroscopy, the levels of cholesterol and associated lipids in patient blood were measured before and after apheresis using two different apheresis systems, such as filtration and adsorption.
Credit: Stefan Bornstein
DRESDE, Sajonia, ALEMANIA, 4 de agosto de 2026. La máquina no es nueva. Alguna versión de ella lleva unos cuarenta años funcionando en las salas de tratamiento de los hospitales: extrae sangre de un brazo, separa el plasma, lo hace pasar por un filtro o un adsorbente y lo devuelve por el otro brazo. Los médicos la construyeron con un propósito estrecho, para pacientes cuyo colesterol no baja por mucho que traguen. El centro de la Technische Universität Dresden realiza hasta 10.000 tratamientos de este tipo al año, el mayor programa del mundo. Lo nuevo es una pregunta que el equipo de Dresde le hizo a la bolsa de desecho, publicada el 4 de agosto de 2026 en la revista de investigación médica Brain Health. Si el filtro atrapa grasa, y si los contaminantes que hay en casi todos los cuerpos humanos viajan pegados a la grasa, ¿qué más está saliendo?
La hipótesis del polizón
Conviene medir la magnitud de la exposición. Más de 4.700 sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas en conjunto como PFAS, están en uso comercial o sueltas en el medio ambiente. La biovigilancia las encuentra en la sangre de más del 99 por ciento de la población de Estados Unidos, y alrededor de 200 millones de estadounidenses han estado expuestos a través del agua potable. Sus semividas biológicas van de 4,8 a 8,5 años, de modo que un compuesto absorbido a los treinta sigue siendo medible a los cuarenta.
Y la exposición no recae donde casi todo el mundo supone. Un metaanálisis de 2018 que agrupó cinco estudios de biovigilancia humana halló que una renta más alta predice una exposición interna a PFAS más alta, no más baja: duplicar los ingresos se asoció con concentraciones séricas de PFOS, PFOA, PFNA y PFHxS entre un 10 y un 14 por ciento superiores, aproximadamente. Aquellos autores lo llamaron lo contrario de la hipótesis de la justicia ambiental, señalaron la dieta, en Europa sobre todo el pescado y el marisco, y los tejidos tratados con PFAS, y declararon sin rodeos que la causa exacta sigue sin conocerse. (Buekers J, Colles A, Cornelis C, Morrens B, Govarts E, Schoeters G. Socio-Economic Status and Health: Evaluation of Human Biomonitored Chemical Exposure to Per- and Polyfluorinated Substances across Status. Int J Environ Res Public Health. 2018;15(12):2818. DOI: https://doi.org/10.3390/ijerph15122818)
El plástico entra por otra puerta y se queda con la misma terquedad. Se calcula que una persona ingiere entre 39.000 y 52.000 partículas de plástico al año, cifra que sube a entre 74.000 y 121.000 cuando se cuenta la inhalación. Se han encontrado micro y nanoplásticos en sangre humana, placenta, tejido pulmonar y cerebro.
Llega ahora la idea capaz de fundir dos problemas en uno. Los PFAS se adsorben sobre las superficies de los microplásticos, con tasas hasta 250 veces mayores en plásticos envejecidos en el medio ambiente, y trabajos biofísicos indican que los PFAS se reparten hacia las superficies de las LDL y las VLDL. A partir de ahí el artículo plantea una hipótesis, no una demostración: que ambas clases de contaminantes adquieren un abrigo de lípidos y proteínas del plasma, una corona, que haría la partícula resultante más grande, más estable y más duradera en la circulación. Los autores son explícitos en que establecerlo exigirá técnicas mecanísticas específicas. Pero la hipótesis formula una predicción que puede comprobarse hoy mismo en pacientes. Si los contaminantes viajan montados en lipoproteínas, una máquina construida para retirar lipoproteínas a gran escala debería llevarse consigo una parte de ellos.
Lo que abandonó la sangre
La parte establecida se sostuvo. En 34 personas a las que se tomaron muestras inmediatamente antes y después de cada una de dos sesiones de plasmaféresis de doble filtración, la proteína C reactiva y el fibrinógeno cayeron ambos de forma significativa, con P menor o igual a 0,0001. El colesterol LDL y la lipoproteína(a) bajaron tras cada sesión, aunque la segunda no produjo ninguna reducción significativa adicional. Nada de esto sorprende. Es el trabajo diario de la unidad.
Lo nuevo vino de los espectrómetros de masas. En el Medizinisches Labor Bremen, laboratorio de referencia alemán certificado para tóxicos ambientales, el plasma de 14 pacientes mostró reducciones de hasta el 25 por ciento en ácido perfluorooctanoico, ácido perfluorooctanosulfónico, ácido perfluorononanoico y ácido perfluorohexanosulfónico, con una significación que va de P menor o igual a 0,05 a P menor o igual a 0,001. Un laboratorio independiente, Creative Biostructure, midió a cuatro personas tras una sola sesión y encontró descensos medios más pronunciados: 48,9 por ciento para el ácido perfluorooctanosulfónico, 43,5 por ciento para el ácido perfluorooctanoico, 55,0 por ciento para el ácido perfluorononanoico, 75,8 por ciento para el ácido perfluorododecanoico y 47,1 por ciento para el ácido perfluorodecanoico. Los compuestos también eran detectables en el eluato, la fracción que la máquina aparta y desecha.
«No salimos a buscar esto», afirmó Stefan R. Bornstein, primer autor y autor de correspondencia, del Departamento de Medicina Interna III del Hospital Universitario Carl Gustav Carus, Technische Universität Dresden. «Llevamos años usando estos sistemas para bajar las lipoproteínas en pacientes que no tenían otra opción. Cuando por fin preguntamos qué más estaba abandonando la circulación, dos laboratorios independientes encontraron los mismos compuestos cayendo en el plasma y apareciendo en el eluato. Significa que la máquina los atrapó. Todavía no significa que el cuerpo se haya librado de ellos.»
Los plásticos son más difíciles de contar
Aquí los datos adelgazan, y los autores lo dicen sin rodeos. La pirólisis acoplada a cromatografía de gases y espectrometría de masas, aplicada a la sangre de cuatro pacientes, mostró un descenso del polietileno en los cuatro y del policloruro de vinilo en tres de cuatro. El polipropileno bajó en un paciente, subió en dos y resultó indetectable en el cuarto. El poliestireno subió en un paciente mientras la poliamida 66 bajaba. Ese no es un resultado limpio, y presentarlo como tal sería un flaco favor.
Dos pacientes tratados con plasmaféresis de doble filtración más un dispositivo de adsorción selectiva de ácidos nucleicos, NucleoCapture, produjeron algo más llamativo. En uno se retiró todo el poliestireno y todo el polipropileno detectables. En el otro, el polietileno, el polipropileno y el tereftalato de polietileno. En ninguno de los dos quedó detectable ninguna otra especie plástica. Con un tamaño de muestra de dos, los autores lo califican de indicio y ofrecen una explicación comprobable: parte del plástico circulante podría estar unida a cromatina extracelular o a vesículas, y ser por tanto retirable mediante adsorción además de por filtración.
Un tercer enfoque, la tinción con rojo Nilo y citometría de flujo en el Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol, halló una reducción media de alrededor del 70 por ciento en el recuento de nanopartículas en cuatro pacientes. Esa cifra impresiona y hay que cogerla con pinzas. No alcanzó significación con una cohorte de ese tamaño, y cuenta partículas sin confirmar que sean de plástico, ya que el rojo Nilo tiñe sustancias hidrófobas en general.
Plástico dentro del tejido humano
Las mediciones en la circulación son solo la mitad del asunto. Mediante espectroscopia Raman sobre piel humana del párpado, el equipo detectó y cartografió espacialmente partículas de poliestireno dentro del propio tejido, lo que confirma que estos materiales no se limitan a pasar por el torrente sanguíneo, sino que se instalan en tejido humano corriente, donde pueden ser hallados e identificados. Esa capacidad quizá importe más que cualquier cifra aislada de este trabajo, porque convierte la carga tisular en algo medible.
Un segundo experimento preguntó si esa carga hace daño. Células suprarrenales humanas de la línea NCI-H295R expuestas a esferas de poliestireno de 30 nanómetros mostraron una tendencia a la muerte celular, medida como liberación de lactato deshidrogenasa. El suero extraído antes de la aféresis no cambió nada. El suero extraído después de la aféresis mostró una tendencia descendente en esa señal. Tres réplicas. Una tendencia, no una prueba.
Lo que los autores se niegan a afirmar
El apartado de limitaciones es de una franqueza inusual, y los periodistas deberían leerlo. Los tamaños muestrales son pequeños. Las indicaciones de los pacientes y los sistemas de aféresis eran heterogéneos. Los ensayos de plástico son exploratorios, el campo carece de métodos normalizados validados, y la contaminación durante la toma de muestras es un riesgo real cuando el analito es plástico y el mundo está lleno de él. No hay ensayo controlado aleatorizado ni datos de resultados a largo plazo. Dado que los pacientes no estaban emparejados de manera consistente entre los distintos conjuntos de datos, los autores declaran que no pueden reivindicar un mecanismo de aclaramiento compartido.
La salvedad más importante es temporal. Todo lo medido aquí refleja el cambio agudo posterior al procedimiento en aquello que circula. Si sesiones repetidas pueden desplazar los niveles de estado estacionario, y qué ocurre con la carga corporal total, sigue sin saberse, y un descenso inicial podría verse compensado en parte por la movilización desde los depósitos tisulares.
En cuanto a la seguridad, el expediente tranquiliza sin estar en blanco. La aféresis terapéutica se considera en general segura y bien tolerada en centros con experiencia, con acontecimientos adversos habitualmente leves y transitorios: hipotensión, mareo, cansancio, náuseas y síntomas relacionados con el citrato derivados de la hipocalcemia inducida por la anticoagulación. Las reacciones alérgicas aparecen sobre todo cuando se emplea plasma de donante como líquido de reposición, algo que los sistemas estudiados aquí evitan por completo.
Por qué conviene retirar el vehículo
Esa distinción importa. El recambio plasmático convencional sustituye lo que retira por plasma de donante o albúmina, que a su vez pueden arrastrar tóxicos ambientales. La doble filtración y la adsorción retiran directamente las sustancias diana, sin líquido de reposición y sin una segunda exposición. Para bajar una carga tóxica, el método que no vuelve a rellenar al paciente tiene una ventaja estructural.
«Durante años tratamos la lipoproteína como si fuera la enfermedad», afirmó Charlotte Steenblock, autora sénior, del Departamento de Medicina Interna III del Hospital Universitario Carl Gustav Carus, Technische Universität Dresden. «Si resulta que además es un vehículo, la pregunta se desplaza: ya no se trata de si podemos medir estos contaminantes en las personas, sino de qué ocurre cuando retiramos una parte de ellos.»
La urgencia está reconocida en el plano político. La Advanced Research Projects Agency for Health, dentro del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, ha puesto en marcha STOMP, un programa de 144 millones de dólares para construir la caja de herramientas que permita medir y retirar del cuerpo, a un coste asequible, los micro y nanoplásticos.
«Quiero ser claro sobre lo que no hemos demostrado», dijo Bornstein. «Aquí no hay ningún ensayo controlado aleatorizado. No hemos demostrado que la aféresis retire el plástico ya fijado en el tejido, y si puede alcanzar esos depósitos, quizá a través de exosomas u otros mecanismos de flujo, es la pregunta clave que tenemos delante. Nuestro siguiente paso es exponer animales grandes a micro y nanoplásticos marcados con radiotrazadores o con hierro, obtener imágenes por PET y RM, y volver a mirar después de la aféresis. Nada de esto desplaza la primera prioridad, que sigue siendo evitar la exposición. Limpiar después es la manera más difícil y más cara de resolver el problema. Y esta no es una enfermedad de la pobreza. Algunos de los niveles más altos los llevan quienes pueden permitirse el pescado caro.»
Lo que el grupo de Dresde ha producido es una primera mirada a través de una máscara empañada, limpiada apenas lo justo para mostrar que ahí abajo hay algo hacia lo que merece la pena nadar.
El artículo de investigación revisado por pares publicado en Brain Health, titulado «Therapeutic apheresis: A possible effective strategy for a combined targeting of circulating lipids, inflammatory markers, PFAS, and microplastics in cardiometabolic and neurodegenerative disease?», está disponible de forma gratuita en Open Access a partir del 4 de agosto de 2026 en Brain Health, en el siguiente enlace: https://doi.org/10.61373/bh026a.0024.
La referencia completa a efectos de cita es: Bornstein SR, Kanczkowski W, Walther R, Kronstein-Wiedemann R, Fischer D, Oikonomakos I et al. Therapeutic apheresis: A possible effective strategy for a combined targeting of circulating lipids, inflammatory markers, PFAS, and microplastics in cardiometabolic and neurodegenerative disease? Brain Health 2026. DOI: https://doi.org/10.61373/bh026a.0024. Epub 2026 Aug 4.
Acerca de Brain Health: Brain Health es una revista de investigación médica de alta calidad publicada por Genomic Press, Nueva York, dedicada a la ciencia de la resiliencia y la longevidad cerebrales a lo largo de toda la vida. El ámbito de la revista abarca la neurociencia molecular y celular, la neuroimagen, la electrofisiología, el modelado computacional, los ensayos clínicos, la epidemiología, la salud digital, la ciencia de las intervenciones conductuales, la psicología, los datos normativos y las ciencias sociales y humanidades, organizados en torno a la pregunta de cómo el cerebro humano se mantiene resiliente, se recupera cuando sufre una lesión y sigue funcionando a lo largo del arco vital más prolongado posible.
Visite la Biblioteca Virtual de Genomic Press: https://issues.genomicpress.com/bookcase/gtvov/
Nuestro sitio web para medios está en: https://media.genomicpress.com/
Nuestro sitio web completo está en: https://genomicpress.com/
Method of Research
Experimental study
Subject of Research
People
Article Title
Therapeutic apheresis: A possible effective strategy for a combined targeting of circulating lipids, inflammatory markers, PFAS, and microplastics in cardiometabolic and neurodegenerative disease?
Article Publication Date
4-Aug-2026
COI Statement
SRB is on the advisory board of Ayus Medical Group, Medica GmbH, HeinzmMeise GmbH, Kaneka Medical Europe, and BREU GmbH. YPK and PM work at the Ayus Medical Group. MP and CSch are involved in the startup company Proxima Health, working on apheresis technology. AA works at Guy’s and St Thomas’ NHS Foundation Trust and is involved in Santersus AG, focusing on the capture and removal of circulating NETs using apheresis. MDW works for Thermo Fisher Scientific, which is in the business of selling flow cytometers and flow cytometry reagents. Other contributors have confirmed that no conflict of interest exists. The study funders had no role in the data collection, analysis, interpretation, or writing of the report. The corresponding author had full access to all the data in the study and had final responsibility for the decision to submit for publication.