image: In the 39-minute experiment, volunteers wore masks that alternated between four six-minute cycles of breathing air with a 10% oxygen concentration and three five-minute intervals of breathing normal air
Credit: Movi-Lab/UNESP
Respirar aire enrarecido (con bajo contenido de oxígeno), como el que se encuentra en las cimas de las grandes montañas, suele ser desgastante para el organismo. Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad Estatal Paulista (Unesp), en Brasil, demostró que la exposición controlada y durante intervalos breves al aire con baja concentración de oxígeno es segura, no perjudica el sueño y puede modular hormonas y marcadores asociados a la inflamación en personas con enfermedad de Parkinson. Los resultados preliminares abren el camino para investigaciones más profundas sobre el uso de esta técnica como terapia complementaria para la enfermedad.
Conocido científicamente como hipoxia intermitente, este enfoque busca estimular respuestas adaptativas del organismo sin sobrecargarlo. “Los resultados iniciales indican que la técnica activa mecanismos de protección que pueden beneficiar de manera segura a las personas con Parkinson, sin provocar efectos adversos. Esto es importante porque nos permite realizar investigaciones con un mayor número de voluntarios y también con protocolos a largo plazo que evalúen los efectos de sesiones repetidas”, afirma Fabio Barbieri, coordinador del Laboratorio de Investigación en Movimiento Humano (Movi-Lab) y del proyecto de extensión Ativa Parkinson de la Unesp de Bauru, quien dirigió la investigación.
Se estima que 11 millones de personas en el mundo padecen la enfermedad de Parkinson. Caracterizada por la degeneración progresiva de las neuronas productoras de dopamina, un neurotransmisor esencial para el control de los movimientos, esta enfermedad provoca síntomas motores bien conocidos, como temblores, rigidez muscular y lentitud de movimientos, pero también desencadena importantes manifestaciones no motoras, entre ellas alteraciones metabólicas, procesos inflamatorios y trastornos del sueño.
Como explica Barbieri, los medicamentos ayudan a controlar la enfermedad, pero no producen los cambios metabólicos y antiinflamatorios necesarios para aliviar todos los síntomas. “Actualmente, el ejercicio físico es la única estrategia disponible que consigue mejorar las manifestaciones clínicas. Por eso, resulta interesante investigar si la hipoxia controlada podría tener un efecto similar y convertirse en un tratamiento complementario al ejercicio físico. De ninguna manera estamos hablando de una cura para la enfermedad de Parkinson ni de un enfoque que sustituya cualquier otro tratamiento”, destaca el investigador.
Publicado en agosto en la revista Parkinsonism & Related Disorders y apoyado por la FAPESP, el estudio contó con la participación de 30 voluntarios, la mitad de ellos con enfermedad de Parkinson y la otra mitad sanos. Durante el experimento, que duró 39 minutos, utilizaron mascarillas y equipos que alternaban cuatro ciclos de seis minutos respirando aire con una concentración de oxígeno de apenas el 10 % (equivalente a una altitud de 5.800 metros) y tres intervalos de cinco minutos respirando aire normal (21 % de oxígeno). Otro día, con fines comparativos, los mismos voluntarios participaron en una sesión de control en la que respiraron únicamente aire normal durante todo el período.
Marcadores sanguíneos
Los investigadores observaron que, en los voluntarios con Parkinson, una sola sesión de hipoxia intermitente fue suficiente para reducir temporalmente los niveles de cortisol (hormona asociada al estrés) y de leptina (hormona producida por el tejido adiposo que interviene en la regulación del metabolismo y la saciedad, pero que, en exceso, favorece los procesos inflamatorios). Además, se registró un aumento sostenido de la adiponectina, una sustancia con acción antiinflamatoria cuyos niveles suelen estar desregulados en la enfermedad de Parkinson. Este efecto se mantuvo incluso 24 horas después del experimento.
Según Murilo Henrique Faria, primer autor del estudio y becario de la FAPESP, el desequilibrio de estas tres sustancias suele estar relacionado con la inflamación cerebral, las alteraciones hormonales y los problemas de sueño frecuentes en la enfermedad. “Por lo tanto, nuestros resultados demuestran que el uso de la hipoxia intermitente puede modular el metabolismo, lo que posiblemente desencadene efectos positivos en los patrones de sueño de las personas con enfermedad de Parkinson”, afirma.
Los autores temían que la hipoxia pudiera provocar despertares nocturnos o insomnio, pero el experimento no mostró tales efectos. “Una sola sesión de hipoxia intermitente no alteró los parámetros generales del sueño [como el número de despertares o el tiempo necesario para conciliar el sueño], ni en las personas con enfermedad de Parkinson ni en los voluntarios sanos”, explica Faria.
Según Barbieri, aunque una sesión del protocolo fue suficiente para modificar biomarcadores sanguíneos, como reducir el cortisol y aumentar la adiponectina, podría no haber sido suficiente para reorganizar el ciclo de sueño-vigilia. “De ahí la necesidad de realizar estudios más profundos y de mayor duración”, señala.
El estudio también confirmó que el procedimiento no alteró los niveles de hierro en la sangre ni elevó las concentraciones de interleucina 6 (molécula que estimula los procesos inflamatorios), lo que refuerza la seguridad del método. Además, contribuyó a preservar la concentración de la proteína BDNF (sigla en inglés de factor neurotrófico derivado del cerebro), esencial para la protección y supervivencia de las neuronas. “Mantener estables los niveles de BDNF es un resultado relevante, ya que esta proteína suele disminuir durante los períodos de inactividad física, una reducción que efectivamente se produjo cuando los pacientes participaron en la sesión de control respirando aire normal. La hipoxia intermitente logró evitar esta disminución y, al mismo tiempo, aumentar la adiponectina, lo que abre el camino para nuevas investigaciones”, afirma Faria.
El papel de la hormesis
La explicación de este efecto beneficioso de la hipoxia intermitente se encuentra en un concepto denominado hormesis, que consiste en la capacidad del organismo para adaptarse a pequeños factores de estrés. “Utilizamos dosis controladas de hipoxia para provocar adaptaciones positivas, algo que puede ayudar a las personas con enfermedad de Parkinson”, explica Carlos Augusto Kalva-Filho, investigador posdoctoral de la Facultad de Ciencias de Bauru (FC-Unesp) y coautor del estudio.
El investigador explica que este tipo de exposición a condiciones simuladas de aire de gran altitud, ya sea mediante mascarillas y equipos o en cámaras aisladas, suele utilizarse para la preparación de atletas. “Sin embargo, pocos grupos de investigación en el mundo estudian esta estrategia en personas con enfermedad de Parkinson”.
El secreto, añade el investigador, reside en la alternancia entre aire con bajo contenido de oxígeno y aire normal, así como en el control riguroso de la dosis. Este estímulo, aplicado en la medida adecuada, mantiene activa una proteína denominada HIF-1α (factor inducible por hipoxia 1-alfa), que funciona como un sensor celular capaz de activar mecanismos de protección neuronal y optimizar la producción de energía en las células (el denominado metabolismo mitocondrial). “Es este control preciso el que genera el beneficio. Por lo tanto, no se trata simplemente de irse a las montañas”, bromea.
Kalva-Filho también explica que este efecto es muy diferente del denominado mal agudo de montaña, que se produce cuando los viajeros que se encuentran a grandes altitudes experimentan dolor de cabeza, náuseas o fatiga, y los futbolistas pierden el aliento y ven reducido su rendimiento en el campo. “Al viajar a lugares de gran altitud, el organismo experimenta un estrés continuo y prolongado que termina sobrecargándolo. En cambio, en el laboratorio todo está controlado”.
El artículo The acute effects of a single session of intermittent hypoxia on blood biomarker concentrations and sleep parameters in people with Parkinson’s disease: A randomized, double-blind, crossover trial puede leerse en: sciencedirect.com/science/article/pii/S1353802026007492.
Journal
Parkinsonism & Related Disorders
Article Title
The acute effects of a single session of intermittent hypoxia on blood biomarker concentrations and sleep parameters in people with Parkinson's disease: A randomized, double-blind, crossover trial
Article Publication Date
3-Aug-2026