Tras analizar muestras históricas de personas que recibieron la vacuna contra la gripe de 1994, los investigadores han hecho nuevos descubrimientos sobre el alcance de la inmunidad inducida por la vacuna contra la gripe. Sus experimentos, realizados con muestras de 175 personas vacunadas, muestran que la vacuna de 1994 podía proteger contra algunas —pero no todas— las cepas de gripe que han surgido en las tres décadas posteriores hasta la actualidad. Las vacunas contra la gripe se han convertido en un pilar fundamental del control de las enfermedades infecciosas, pero aún quedan muchas preguntas sin respuesta sobre la inmunidad frente a la gripe. Por ejemplo, los investigadores aún no tienen claro cuál es el alcance de la protección que ofrecen las vacunas contra la gripe más antiguas frente a las variantes más recientes y en constante evolución, tanto de la gripe A como de la B. Otra cuestión pendiente tiene que ver con el concepto del «pecado antigénico original», según el cual la primera cepa de gripe a la que se expone una persona determina su inmunidad posterior contra la gripe a lo largo de toda su vida adulta. Para responder a esta pregunta, Thi Nguyen y sus colegas analizaron una cohorte de 89 adultos jóvenes y 86 adultos mayores que se vacunaron contra la gripe en 1994. Analizaron muestras de sangre de los participantes que habían sido crioconservadas durante tres décadas, incluidas las de una persona nacida durante la pandemia de gripe de 1918. Mientras analizaban esta cápsula del tiempo de muestras, Nguyen y su equipo midieron el título y la calidad de las respuestas de anticuerpos y de células B de memoria. A continuación, evaluaron la eficacia de estos anticuerpos para proteger contra una variedad de cepas de gripe A y B que surgieron después de 1994. La respuesta de anticuerpos fue fuerte contra futuras cepas de gripe A H1 y gripe B Yamagata, pero estuvo prácticamente ausente contra el virus de la gripe A H3. «Teniendo en cuenta el reciente brote epidémico de gripe de sospecha de H3N2 en Japón, existe una necesidad no cubierta de mejorar las medidas preventivas y las estrategias de vacunación para proteger mejor a las poblaciones vulnerables de enfermedades potencialmente mortales, especialmente el H3N2», concluyen Nguyen y sus colaboradores.