Históricamente, la investigación médica se ha basado en gran medida en participantes masculinos y los resultados se han generalizado a menudo a mujeres y niños. Si se aborda el tema de la salud de la mujer, suele centrarse principalmente en la reproducción. En este número especial de Science, cuatro artículos de Review y uno de Perspective destacan las investigaciones que tratan de subsanar las importantes lagunas existentes en materia de salud de la mujer. «En general, cada vez está más claro que la salud de la mujer y las diferencias biológicas relacionadas con el sexo van mucho más allá de la reproducción y afectan a las personas a lo largo de toda su vida y en diferentes afecciones médicas», escriben la editora jefe de Science, Yevgenia Nusinovich, y sus colaboradores.
Desde hace tiempo se sabe que millones de mujeres, especialmente las más jóvenes, se ven afectadas de manera desproporcionada por los trastornos de dolor. Las mujeres padecen trastornos de dolor funcional aproximadamente el doble que los hombres y en algunas afecciones la disparidad es aún mayor. El dolor persistente puede resultar especialmente debilitante cuando afecta a la pelvis, donde los trastornos relacionados con el intestino, la vejiga y los órganos reproductivos —como el síndrome del intestino irritable (SII), la endometriosis y la vulvodinia— pueden provocar síntomas impredecibles. En este artículo de Review, Archana Venkataraman y sus colegas sintetizan los avances recientes en la comprensión de estas afecciones, centrándose en el papel de las hormonas sexuales, las interacciones inmuno-neuronales, la microbiota intestinal y las vías analgésicas endógenas. Según afirman, las fluctuaciones en las hormonas ováricas que comienzan en la pubertad parecen ser un factor determinante. Aunque un número cada vez mayor de investigaciones está empezando a arrojar luz sobre cómo interactúan las señales hormonales en el cuerpo de las mujeres para dar lugar a diferencias entre los sexos, siguen existiendo importantes lagunas entre la carga generalizada del dolor entre las mujeres y los esfuerzos científicos por comprenderlo y tratarlo. «Las mujeres esperan con ansia respuestas concretas que puedan ayudar a eliminar el enfoque habitual de que “todo está en tu cabeza” respecto a sus enfermedades, acortar la larga espera entre la aparición de los síntomas y el diagnóstico o tratamiento y, en última instancia, proporcionar estrategias basadas en los mecanismos para el tratamiento de la enfermedad», escriben los autores.
La investigación sobre la menopausia ha estado históricamente infrafinanciada y poco estudiada, a pesar de su enorme impacto en la mitad de la población humana y en casi el 40 % de la vida de una mujer. En un segundo artículo de Review, Larua Gravelsins y sus colegas sostienen que la investigación sobre la menopausia necesita un replanteamiento profundo, pasando de una visión única y generalizada de la transición a un enfoque de medicina de precisión que tenga en cuenta las diferencias en los síntomas, el momento de aparición, la genética y los tratamientos hormonales. Los autores afirman que este cambio podría ayudar a subsanar las lagunas persistentes en la comprensión de la menopausia y la terapia hormonal para la menopausia. «Reducir la menopausia a “simplemente el envejecimiento” es un flaco favor para las mujeres», escriben Gravelsins y sus colaboradores. «La menopausia es un cambio que afecta a todo el cuerpo, impulsado por las hormonas, y que, al igual que otras transiciones hormonales endógenas, afecta a cada persona de forma diferente en función de su biología individual y su experiencia vital».
En un tercer artículo de Review, Dan Corral y Yasmine Belkaid destacan las investigaciones más recientes sobre el papel del sistema inmunitario a la hora de preparar el cuerpo de la madre para el embarazo. El embarazo desencadena uno de los períodos de remodelación fisiológica más prolongados de la vida adulta, lo que requiere cambios coordinados en casi todos los órganos maternos. Aunque tradicionalmente estos cambios se han atribuido en gran medida a las hormonas, nuevas investigaciones demuestran que el sistema inmunitario dirige activamente esta remodelación, reprogramando los tejidos maternos de formas que pueden influir en la salud mucho más allá del embarazo. Sin embargo, a pesar de su profunda importancia biológica, los mecanismos que subyacen a esta transformación aún no se comprenden del todo e históricamente han sido poco estudiados.
El último artículo de Review, a cargo de Dena Dubal y sus colegas, examina cómo los cromosomas XX y XY influyen en el envejecimiento y en diversas enfermedades, entre ellas los trastornos neurológicos, inmunitarios, oncológicos y cardiometabólicos. Según los autores, los resultados conjuntos de estos estudios subrayan la importancia de integrar la biología de los cromosomas sexuales en la medicina de precisión y tienen importantes implicaciones para las futuras terapias y el diseño de ensayos clínicos.
En un artículo de Perspective, Michael Stout y Francesca Duncan analizan cómo influyen los ovarios en la salud tras la menopausia. Durante mucho tiempo se ha considerado que el ovario posmenopáusico es un órgano prácticamente inactivo una vez que finaliza su función reproductiva, pero cada vez hay más pruebas que sugieren que permanece biológicamente activo durante décadas después de la menopausia. Determinar las funciones posmenopáusicas del ovario y si su extirpación tras la menopausia afecta a la salud a largo plazo requerirá más investigación.